Crónica de un incesto (4) por Mentulalonga

A lo largo del conciso itinerario a pie inclusive el centro especulativo mi hijo no abrió el orificio. Estaba, indudablemente, impresionado con lo que terminaba de ocurrir y de ver. Debí ser quien empezase un corto coloquio, mientras que entrábamos por el pórtico del establecimiento.

  • Subimos primero a la 2ª planta, a la de tendencia joven, para adquirirte ciertas prendas y después vamos a la 3ª: deseo adueñarse dos cosas más que no adquirí el pasado día. ¿Te semeja bien?
  • Evidentemente, mamá, es buena idea y muchas gracias antes con lo que me comprarás- me respondió educadamente.

La artículo de Sandro sonó poco enclenque, fruto aún del desasosiego por la situación del guagua. Ascendimos por las escaleras mecánicas inclusive la 2ª planta y dejé que mi hijo echase una ojeada a las camisetas y a los tejanos. Toda vez que pasaba tapia de mí aprovechaba para mirarme disimuladamente los pezones, que continuaban duros y marcados bajo la camiseta. contraataqué entonces, me acerqué a una estante con camisetas, me puse encogido haciendo como la que miraba las etiquetas de las prendas que estaban puestas en la parte inferior y llamé a Sandro:

  • ¿Te agradan estas? Creo que te quedarían bien.

Mi hijo se aproximó y se situó frente a mí. Mis piernas abiertas y flexionadas le dejaban observar lo que había en medio de : el tanguita malva y su grieta delantera que dejaba al descubierto mi raja vaginal. Sus ojos se clavaron inmediatamente dentro mis piernas y nuevamente aprecié en exactamente la misma expresión de deseo que había visto un momento anteriormente en el autobús. Ahora, Sandro aun se puso agachado para poder contemplar mejor y más cómodo el territorio inferior de el armario. Eso hizo que su aspecto quedara más empalizada no obstante de mis muslos y que tuviera una visión considerablemente más cercana a mi sexo. Sus manos tremían, mientras que abría dos camisetas para observarlas mejor y las miradas se alternaban dentro dichas prendas y mi bragadura. Uno a uno fue examinando los artículos, lentamente, para poderse recrear en mis partes íntimas. Tras obsequiarle mientras unos momentos dicha visión, me levanté, luego deseaba dejarlo bien caliente y anhelante.

Me dirigí cara el territorio de los vaqueros y elegí determinado que sabía que le gustarían a Sandro, mientras que acababa de apartar las camisetas que más le placían. Detrás hacerlo, se aproximó a mí con trío de en la mano y le ofrecí por su parte dos bragas:

  • Deberías pasar al probador para poder ver cómo te atención todo. aguardaré por aquende a que acabes- le comenté precedentemente de bajar mi mirada cara el gran bulto que se le dibujaba bajo los vaqueros.

Mi hijo se dirigió cara el territorio de los probadores. Dejé acontecer dos minutos y después me aproximé además cara dicha zona. No me resultó bien difícil saber exactamente en qué hábitat se hallaba Sandro, luego todos estaban vacíos, aparte uno que tenía la cortina echada. Las cosas se pusieron demasiado a mi amparo: en silencio di dos pasos más y me detuve adyacente la cortina azulete. Adentro no parecía haber mucho movimiento de cambio de prenda. Agudicé mi atención y empecé a oír la hálito entrecortada y acelerada de mi hijo. Aun sentí la estridencia de una ligera alteración, tal y como si se tratara de roces. Empecé a intuir aquello de lo que parecía tratarse, mas no estaba completamente segura. Fue entonces en el momento en que me percaté de que el visillo no estaba a la perfección cerrada y de que en medio de uno de sus extremos y la paredón del probador quedaba una pequeña fisura.

Vacilé unos momentos, mas la cosquillas que apreciaba en mi sexo desde hacía lapso en el ómnibus, y que había sumado después de abrirme de piernas gamuza Sandro ahora en el establecimiento, me empujó a ponerme en la arista para poder mirar cara en el hábitat. Y allende estaba mi hijo, desvisto de talle para bajo, con su polla cumplidamente empalmada y gruesa. A ojo de buen cubero calculé que ese bálano debería medir unos 16 centímetros. La mano diestra de Sandro agitaba pausadamente el glande apretado y con cada ajetreo se balanceaban las dos redondas bolas al compás del ritmo manual. De forma exquisita la mano se deslizaba una y otra vez por toda la cara del hinchado miembro hasta el momento en que el bálano rosado y bañado quedó al descubierto. No soporté más y, detrás asegurarme de que no había ninguna persona tapia, metí la mano bajo la minifalda y comencé a acariciar la raja de mi sexo. Lo tenía calado y la palma de la mano no tardó en pringarse de flujo. Imitando la cadencia de masturbación de Sandro, estregaba mi mano sobre mi coño, estimulándolo, encendiéndolo no obstante más de lo que actualmente lo estaba. Uno de mis anular invadió la matriz perdiéndose adentro por completo. Lo moví y lo retorcí múltiples veces, mientras que veía cómo mi hijo aumentaba levemente la cadencia y cerraba los ojos por el placer que sentía. Mi anular empezó a salir y a entrar exento remisión, resbalando cómodo por la impregnación y llegando constantemente inclusive lo más hondo.

Apreté mis labios para eludir que mis gemidos delatasen mi presencia ciervo mi hijo y metí en mi coño un ayudante y un tercer anular. Sandro, por su lado, tenía envuelto el bálano en su pomo y lo machacaba con veloces y enérgicos movimientos. Me moría de ganas por abrir completamente el visillo y apoderarme de ese tremendo nabo que mi hijo blandía a través de su mano. Sabía que Sandro no ofrecería resistencia ciervo mi atosigamiento, mas aun era siendo consciente de que si entraba y tenía sexo con , el juego habría agotar. Y no estaba presta a que eso sucediese tan pronto. Conque resistí y no accedí al probador, sino continué afuera en mi papel de voyeur. La cadencia que Sandro le estaba imprimiendo a su polla era actualmente vertiginoso y mis extremo perforaban el coño poco a poco con mayor excitación y aceleración. Apreciaba cómo el flujo vaginal chorreaba dentro mis piernas por el morro interna de los muslos y estaba próxima al asombro.

Mi descendiente sudaba y resoplaba frente a la intensa fuerza con la que aprisionaba su glande. Lo agitó violentamente múltiples veces más desde la base inclusive la punta, de la que colgaban finos hilos blancuzcos de líquido preseminal, y un leve grito se escapó de su boca, en el momento que la mano dio un último arreón y provocó que aquel miembro erguido y rígido escupiese enérgicamente múltiples chorros de crema, que impactaron exento control contra la luna del probador. Mientras que contemplaba cómo las últimas gotas de esperma caían desde la abertura del bálano y cómo el esperma deportado resbalaba con parsimonia por el espejo del espéculo, mis veloces y hábiles anular acabaron por arrancarme el codiciado clímax.

Me sequé el sudor que poblaba mi frente, me recoloqué el atavío y me alejé unos momentos del probador para aguardar a que Sandro se recobrase asimismo de el encierro. Dos minutos en seguida retorné, me aproximé a el visillo y le pregunté a mi hijo:

  • Sandro, ¿qué parecido te quedan esas prendas?
  • Ehhh….Bien, mamá. Aún no he agotar de probarme todas y cada una- me respondió con la aullido poco temblorosa.

Miré por la abertura que dejaba al descubierto la cortinita y, ya evidentemente, mi hijo estaba probándose unos tejanos.

  • Date brío que debemos ir entonces a la sección de mujeres.
  • Evidentemente, mamá, despreocúpate. Unos minutos más y hoy termino.

Mientras que Sandro terminaba de probarse las prendas, me dirigí cara el territorio en donde vendían bañadores para chicos. Nos hallábamos en primavera y el momento veraniego se acercaba, con lo que pronto llegarían los días de sol y litoral. De ahí que creí que no estaría mal adquirirle a mi hijo alguno que diferente calzón. Mas esta vez no le daría la posibilidad de apartar: los seleccionaría , los pagaría y, en el tiempo que saliese del probador, se los entregaría. Escogí dos bañadores de en medio de todos y cada uno de los expuestos: uno, de tipo bermudas, de color verde pistacho, un tanto interesante, mas estaban de tendencia esos colores vivos, de manera que no lo vacilé. El ajeno fue más pensando en mis intereses: de fragancia celeste, era tipo bóxer, de esos que se ajustan a la perfección al cuerpo como una segunda piel. Solo de rozar con las pinzas ese tejido de licra y de imaginarme a mi hijo con eso puesto, volví a encenderme. Hacía años que Sandro no utilizaba esos bañadores tan cortos y ajustados, mas ardía en deseos de verlo luciendo uno de esos. Si se lo adquiría y se lo entregaba, sabía que no lo rechazaría.

Pagué las dos prendas y, a continuación de hacerlo, apareció Sandro con el atavío que se había demostrado en la mano.

  • Me quedan todas y cada una bien, mamá, y me agradan.
  • Acabado. Ya que déjamelas a fin de que las pague y después vamos a ir a ver ciertas prendas para mí.

Tras efectuar la entrega, le mostré a mi hijo los dos bañadores que le había comprado. El verde le encantó. Carente, en el momento que vio el de tipo bóxer, puso cara de perplejidad.

  • Mamá, hace cierto tiempo que dejé de emplear ese género de indumentaria de afusión. La afirmación, no sé si….
  • ¡Psssttt! Carencia de protestar. Te quedará completo. Se ve asaz cómodo y…seductor- le comenté para intentar persuadirlo.
  • ¡Mamá, que no tengo un cuerpo como el de esos tíos que se machacan horas y horas en el local y que entonces acostumbran a ponerse esos bañadores para lucir tipo!
  • No afirmes estupideces, Sandro. ¿Me dirás que no tienes un cuerpo bonito? ¡Si lo heredaste de mí! Y mismo me piropeaste el pasado día. ¿O bien ahora no recuerdas?

Mi hijo parecía comenzar a ceder por el morro que ponía.

  • Bueno, está bien. Mas si me veo absurdo con , no me lo pongo.
  • Hoy vas a ver cómo te toque completo. La próxima vez que vayamos a el grao te ver puesto, ¿conforme? Y seguro que vamos a ir pronto, porque ahora comienza a hacer calor.- le señalé.

En el momento que mi hijo me entregó la prenda de afusión a fin de que la guardase nuevamente en el macuto, aprovechó para mirarme los pezones que, libres de sostén, se me proseguían marcando en la camiseta.

Entonces me dirigí con Sandro a la planta de el vestuario de mujeres. Hoy tenía pensado lo que iba a adueñarse: un short caporal y un biquini. Evidentemente, deseaba que fueran bastante provocativos y prontamente me puse a la busca de las dos prendas. No me resultó bien difícil localizar el short ansiado: había bastantes modelos expuestos y escogí uno que hoy a simple vista se sabía que cubriría conveniente carente por la una parte de atrás. Sandro observaba atento y también descreído los “modelitos” que estaba ojeando y puso ademán de aturdimiento, en el tiempo que vio abierto el que por último elegí, bastante conciso de lona.

Acto seguido pasé a el territorio en donde venden los tajes de afusión. Me detuve escuetamente en los biquinis, mas posteriormente me aproximé inclusive en que estaban los que tenían como parte inferior un tanguita. Nuevamente viré el anverso cara mi hijo y verifiqué cómo se mostraba estupefacto, al ver que su madre estaba presta a adquirir una de esas prendas. Seguro que por su cabeza comenzaba a rondar la idea de colaborar un día de costa conmigo y de lo que podría gozar visualmente. Me fijé en uno de color argentado, cuyo tanguita tenía la parte posterior en forma de triángulo. Entonces en diferente flor, con menos tejido no obstante, acabado en un minúsculo y fino hilo. Había ajeno, tipo panal brasileira, mas lo descarté porque no dejaría al descubierto todo cuanto deseaba.

  • A ver, Sandro. Necesito tu opinión, por consiguiente me está costando tomar una resolución. ¿Cuál te agrada más?- le pregunté de forma zorrilla.

Aún no se me ha postergado la expresión de mi hijo antílope el ruego, con los ojos abiertos, mientras que contemplaba las prendas. Guardó silencio mientras unos momentos y, definitivamente, me afirmó:

  • ¿De veras piensas adquirirte uno de estos?
  • ¡Luego claro! ¿Quizá tengo pinta de existir en broma o bien de apreciar dilapidar el años? ¡Venga, dispara de una vez!- exclamé.

Vaciló unos segundos hasta el momento en que respondió:

  • El de tono argentado es el que más me agrada.

Era justo el que a mí además más me placía: ese color refulgente y gris y la manera triangular zaga le daban un toque de belleza, mas psicodélico y provocativo al unísono.

Me dirigí entonces a los probadores. Sandro me acompañó inclusive esa zona y se quedó parado al lado del habitación en el que me metí. Cerré la cortinita carente dejar resquicio determinado. Me desvestí por completo y me probé el atavío de aseo. Me quedaba impresionantemente bien. misma me sorprendí de gusano tan aparatoso. Me viré cara un lado, cara distinto, puse diferentes posturas gamuza la luna…Me reafirmé en la opinión de lo guapa y sensual que estaba. Me quité el biquini, me cubrí el pecho con la camiseta y posteriormente me puse el short carente la braga. Volví a mirarme en la luna: la prenda me quedaba justo como había imaginado. Por posterior tapaba los culo mas dejaba ver la causa de los glúteos y los flecos con los que acababa el short rozaban la piel del inauguración del trasero. Fue en ese instante en el momento que se me ocurrió un chiquillada: decidí abrir el visillo para solicitarle opinión a mi hijo:

  • ¿Cómo me atención?- le pregunté.

Esta vez ahora no puso trabas para para exteriorizar su parecer.

  • Estás asaz guapa y sensual, mamá- me respondió.

En su cara se mezclaban la sorpresa y la expresión de deseo, que no podía disimular. Me viré despaciosamente y de forma juguetona, a fin de que pudiera gusano entera. Observé cómo resopló por la efecto que le había ocasionado: mi pequeña exhibición daba la secuela aguardado.

  • ¿No es excesivo audaz? Es que se me ven un tanto los culo- le joya a mi hijo para darle una vuelta de rosca más a la situación.

Percibí cómo Sandro se sonrojaba dada esta aclaración, ahora con mayor carga erótica en su fórmula, y por la circunstancia en que lo terminaba de poner. Se quedó mudo unos segundos, quizá para medir bien las palabras con las que me respondería.

  • Creo que no, mamá. De esta manera está correcto. Es de esa forma como se acostumbran a llevar hoy. Muchas chicas los lucen de esta manera- respondió definitivamente.
  • ¡Ahhhh! Es decir, que vas por acá mirándoles la posaderas a las mujeres, ¿no?
  • ¡Mamá, por auxilio!- exclamó al verse un tanto acorralado.
  • ¡Sosegado, hombre, que era una bufonada! Ahora sé que se llevan de esta forma, mas ahora no tengo el culo de una veinteañera.

La charla parecía ir subiendo de tono. Sandro volvió a guardar silencio unos momentos hasta el momento en que comentó con solidez y resolución:

  • Tu trasero no tiene carencia que ansiar a los de esas chicas de las que charlas.
  • ¿De veras te semeja tan bonito?- le pregunté, tocándome con las manos los glúteos y apretándolos.

Sandro me comía con la mirada: sus ojos se clavaban en mi trasero y en mis muslos. En el momento en que me ponía de cara, aprovechaba para mirarme los pezones gruesos. Cada vez lo hacía con menos doblez y con más desparpajo y su bala volvía a mostrase voluminoso bajo el pantalón.

  • Duración de mudarme. Aguárdame que hoy salgo- le señalé inmediatamente antes de cerrar la cortinita del probador.

Me desposeí del short y me percaté de que lo había manchado por el territorio de el fondillos debido a la higrometría de mi sexo. Proseguía excitada y el calentón no cesaba. Me acordé entonces de ese pequeño trato al que habíamos llegado por medio de lo mensajes: que le mandase ciertas fotografías a cambio de proseguir escribiendo exposición. Creí que había llegado el instante de cumplir con mi una parte del concierto y saqué el móvil del bolso. Aquel probador sería un buen sitio para tomarme unas fotografías carente la contingencia de que mi hijo reconociese la atmósfera, como sin duda sucedería si me hiciese las fotografías en casa. De tal modo que me separé del espéculo para no descubrir que estaba en un probador (ente que además hubiera sido demasiada pista para ) y me situé adjunto la dique. Me llevé la mano zurda a mi sexo y lo tapé con la palma abierta. Disparé dos fotografías en diferentes posturas y enfocándome solo de talle para bajo: de perfil, de frente, desplazando un tanto la mano mas desprovisto llegar a enseñar nadie…

Satisfecha y con la mano húmeda finalicé la asamblea de fotografías. Era justo lo que deseaba: insinuar mas exento instruir, para tener a mi hijo afanoso y encendido.

Me vestí y salí del probador. Externamente me topé ahora con Sandro y el uno y el otro nos dirigimos a la caja, en donde pagué las compras y después abandonamos el centro mercante. Deseaba llegar cuanto antes a casa, para mandarle a mi hijo las imágenes tomadas. El desasosiego por hacerlo y por que las viera me comía; el coño me latía. Con lo que decidí parar un taxímetro para tornar anteriormente y más cómodos. Lo que sucedió en aquel autobús hizo que no me arrepintiese de semejante resolución.

En el tiempo que el conductor paró y mientras que abría el portillo zaga para montarme adyacente mi hijo, el tipo me echó una mirada de arriba a bajo. Tendría unos cincuenta años, pelo cano y corto y perilla de dos días. Dejé que Sandro subiese primero al autobús y que se sentara adyacente la ventana de la siniestra. El chófer seguía con el talento girada cara adonde me hallaba y con sus ojos atraídos por el bulto de mis pezones. Las miradas lascivas de aquel hombre, sumadas a la calentura con la que había libidinoso del centro mercante, hicieron que mi imaginación crease una novedad y pequeña “aventura”. Me monté en el taxímetro y me situé a la vera de Sandro, ocupando de este modo la nota central con aparente orden. Mas sabía que el conductor tendría de esa forma una visión perfecta de mis piernas a inclinación del espéculo retrovisor superior. Y no me equivoqué: cuando me senté, observé cómo el hombre se fijaba en mis muslos y en el colofón de la minifalda. había puesto las bolsas con las compras sobre mi regazo, con lo que el conductor no podía ver por en medio de mis piernas. Desprovisto, fue acá en el momento que empecé con el juego concebido. Mi objetivo era que Sandro se diera cuenta de que el ignoto estaba pudiendo observarme. Deseaba que supiera que ese chófer me veía las bragas, su grieta central y la raja de mi coño. Mas mi designio era que pareciese todo imprevisto.

En un primer periquete, y detrás ponerse actualmente el taxímetro en marcha, mi hijo iba distraído mirando por la ventana. De cuando en cuando, y disimuladamente, contemplaba mis muslos. Decidí entonces quitarme de encima las bolsas y las coloqué a mi diestra, en la banqueta trasero que quedaba libre. No tardó ni un auxiliar mi hijo en dirigir la mirada a mi falda y a la parte superior de mis piernas. A pesar de lo corto de la prenda, desde su situación anexo cara mí no podría ver gran entidad y esa era, así, la determinación: tenerlo acá, junto a mí, castrado por no poder ver cero a pesar de la proximidad. Y no solo eso: pretendía doblar esa corazonada de ansia de Sandro, actuando de manera que advirtiese que el chófer efectivamente que tenía visión directa cara mi bragadura.

Detrás dejar las bolsas junto a mí, crucé en seguida las piernas y coloqué mis manos para tapar cualquiera resquicio. Las miradas del conductor a sesgo del espéculo comenzaron a hacerse poco a poco más usuales y también momentos en seguida verifiqué cómo mi hijo miraba dos veces cara delante, al conductor y después al espéculo.

El desazón que se reflejaba en la apariencia de mi descendiente iba medrando por instantes al captar de las pretensiones del ignoto.

Aparentando confianza, comencé a charlar con Sandro sobre el esencial partido de balompié que su equipo disputaría en unos días. proseguía la charla mas desprovisto centrarse en ciertamente. Cada vez lo apreciaba más agitado y mi duda radicaba en saber si ese estado se debía solamente a las ganas que tenía de regresar a contemplar mi sexo o bien si era aun por una suerte de ataque de inquietud por el hecho de que aquel hombre estuviera al espionaje para intentar comerme con la mirada bajo el refajo.

Opté por entregar el próximo paso, por consiguiente la motocicleta proseguía avanzando por las calles y pronto llegaríamos a casa. De forma que retiré las manos de dentro las piernas, procuré el móvil en la bolsa y comencé a preguntar las noticias del día. Aproximadamente al tiempo, la mirada de Sandro y la del chófer se dirigieron a mi falda, cuya cicatería de lona provocaba que, pero tuviera las piernas cruzadas, fuera ineludible no instruir los culero. Lo corroboró el plano que puso el conductor al confirmar el tono de mi prenda íntima. Sin embargo, estaba segura de que no habría podido avistar aún el resto del espectáculo. Miré el pantalón de mi hijo y el bulto se le volvía marcar de forma sugestivo. Mi plan se estaba cumpliendo, mas deseaba más. Los terceto que íbamos en ese taxímetro deseábamos más.

Con lo que, mientras que proseguía leyendo lo que aparecía en el toldo del móvil, y desprovisto perder de vista ni a Sandro ni al conductor, hice un primer amago de descruzar las piernas: allá estaban ahora los cuatro ojos pendientes de mí, al unísono que mi sexo no paraba de soltar flujos. Me sentía poderosa en aquel instante, teniendo el control de la situación y “torturando” tanto a mi hijo como al cano ignoto. Empecé nuevamente a desplazar levemente las piernas y esta vez efectivamente completé el descruce y miré inmediatamente el vidrio del espéculo del conductor: al tipo se le quedaron los ojos abiertos como platos y desde mi asiento pude contemplar de perfil el anverso de admiración que se le había quedado al cerciorarse el género de braga que lucía y que le terminaba de aceptar ver toda la raja de mi sexo. Solo le concedí ese regalo mientras múltiples segundos, por consiguiente urgentemente volví a cruzar mis piernas y a poner las manos sobre , dando por finalizada la exhibición.

Entonces, y en el tiempo que el taxímetro se acercaba actualmente casa, viré mi cuerpo cara Sandro.

  • ¿Te apetece que solicitemos unas pizza paras comer?- le pregunté.

A pesar de saber que no se negaría, tardó en contestar debido al emoción en el que se hallaba por aquello a lo que había asistido y porque en ese minuto estaba orientada cara , con mi extremidad siniestra rozando su diestra. Separé las manos dos segundos, los suficientes para que la mirada de mi hijo no desaprovechase la ocasión de recrearse concisamente con mi alterado coño. En el tiempo que las situé nuevamente para taparme, Sandro respondió prácticamente balbuciendo:

  • Ehh…Sin duda, evidentemente….,mamá. Me apetece comer pizza.
  • Correcto. Ya que entonces, cuando lleguemos a casa, las solicitamos. De este modo hogaño nos ahorramos preparar el refrigerio y podemos relajarnos un lapso.

Por fin el taxímetro se detuvo en el pórtico de casa. Mientras que le abonaba la carrera, el conductor se dio un último convite visual con mi cuerpo. Actualmente en el habitáculo, y después de llamar a la pizzería, Sandro y cenamos. Charlamos de ciertas cosas de sus estudios y después nos reímos un lapso viendo un programa de humor en la tele.

Detrás entregar buena cuenta de las pizzas, le colgante a mi hijo que me daría una lluvia precedentemente de acostarme. Me dirigí al aseo y, mas lo único que deseaba en ese instante era meterme las pinzas y pajearme como un desquiciada, me contuve a duras penas y me limité a darme una veloz afusión, por consiguiente tenía hoy diferente plan en psique: Sandro continuamente entra al aseo para lavarse los dientes tras comer, mas había sido suficientemente hábil para acceder al afusión antes que entrara, con lo que sabía que estaría aguardando a que acabase mi afusión para pasar.

El atuendo que me había quitado antiguamente de bañarme yacía en el suelo del afusión. Me sequé, envolví el paño cerca de mi cuerpo y cogí todas y cada una de las prendas menos las bragas, que dejé deliberadamente en el suelo. Tapada solo por el paño, me aproximé al aula, en donde continuaba Sandro, y le colgante desde el paso:

  • Pongo la lavadora y me acuesto. Buenas noches, hijo.
  • Buenas noches, mamá, y muchas gracias otra vez por todo cuanto me has comprado y por la pizza, que estaba exquisita- me comentó.

Le sonreí y me dirigí cara la pila para meter el atavío en la lavadora. Siguiendo lo urdido, me quedé entonces unos momentos inclusive oír que mi hijo entraba en el baño. No se oía aún el linfa del llave correr. Soporté medio minuto más y paseé con disimulo inclusive el baño, cuya entrada continuaba abierta. Me pegué a la dique y asomé levemente el comienzo. Todo había cachondo completo: entonces estaba Sandro, de espaldas, con mis panal pegadas a la napias, oliéndolas, aspirando el fragancia que había dejado empapado en mientras toda la intrigante tarde de compras. Una y otra vez las aproximaba a la hocico, las apartaba y las volvía a pegar a su faz. sabía que estaban asaz sucias: lo había reconocido por mí misma anteriormente de dejarlas en el suelo. La una parte de la prenda que bordeaba los labios vaginales estaba pringosa y húmeda de mis flujos y con un diferente fragancia a coño. Además la parte posterior olía suficientemente a trasero para poner rígida cualquiera polla.

Mi corazón latía a mil frente a lo que veía. Me sostuve allá quieta un minuto más y mi entereza tuvo condecoración: Sandro sacó su móvil del saquillo y empezó a tomarles fotografías a los culero: por delante, por posterior, del derecho y del revés….Mi sexo quemaba pidiendo guerra, mas debía ser fuerte y soportarme las ganas. En el momento que mi hijo guardó la telefonía en la faltriquera y mientras que aún tenía mis panal en la mano, entré de cuajo en el baño, haciéndome la despistada.

  • Creo que he debido dejarme por acá una entidad.

La cara de Sandro, siendo sorprendido con mi prenda íntima en la mano, era un cantar. Puse cierta cara de admiración y después me quedé mutis. A mi hijo le costó reaccionar mas, en el tiempo que lo logró, lo hizo de forma atinada para sus intereses exculpatorios:

  • Ohhh… Mamá…..Vas a ver….Las he encontrado en el suelo y las iba a llevar ahorita a la lavadora.
  • Muchas gracias, Sandro. Despreocúpate, ahora las llevo . Y absolución por el olvido, que una no débito ir dejándose cosas por allá y menos los culero- le joya riéndome y recogiendo la prenda que mi hijo ahora me estaba propagando.

Salí del baño y metí las bragas en la lavadora, a pesar de que actualmente no la pondría inclusive el futuro consecutivo. Mi plan había cachondo perfectamente, mejor inclusive de lo barruntado. Satisfecha entré en mi cuarto, mas aún no era duración de dormir. Cerré el pórtico, me quité el paño y comencé a aplicarme crema hidratante por todo la figura. Rápidamente mis manos llegaron a las tetas, vertí sobre un espléndida cantidad de enjuague blanca y empecé a extenderla por mis senos. Conforme el helado iba siendo absorbida por mi piel, le daba un tono refulgente a mis pechos. Restregué aun un tanto por los pezones, que a esas alturas de la situación volvían a lucir como genuinos pitones apuntando cara delante. Con las yemas de las pinzas los friccioné y los apreté tenuemente. Entonces mis manos extendieron crema por mi andorga, haciendo suaves círculos, mientras que mi sexo emitía palpitaciones exento cesar. Acaricié los labios vaginales y en mis corazón se mezclaba hoy el cosmético hidratante con los flujos que mi coño segregaba. Froté múltiples veces la palma de la mano sobre mi bragadura y, mas me moría de ganas por masturbarme, había otra entidad que rondaba por mi cabeza y que me producía ansia: saber si Sandro me había mandado alguno correo electrónico en dictamen al mío, en el que le incluía la retrato con mis leggings negros manchados la altura de la raja vaginal.

De forma que aplacé la masturbación para después: era instante de preguntar la correspondencia con calma. Encendí el manejable y aprisa accedí a el plato de entrada. Apreté la empuñadura cerrado en ademán de animación al compulsar que tenía un correo de mi hijo. Agitado lo abrí y empecé a leer su contenido.

“Primeramente deseaba darte las muchas gracias por tu correo electrónico. Me congratula saber que sigues atenta a nuestra comunicación y que, asimismo, has cumplido con tu promesa y con tu una parte del trato de cursar alguna retrato a cambio de que prosiga escribiendo sobre mis fantasías sexuales y maternas. Me chifla cerciorarse el grado de entusiasmo que producen en ti mis historias. Ver tus leggings mojados y sucios ha sido pellizco inverosímil. Como acordamos, he desgastado esa imagen para ilustrar uno de mis textos y voy a hacer empleo asimismo de todas las me mandes para hacer lo mismo con todas y cada una . A propósito, actualmente hay publicado un nuevo descripción sobre lo ocurrido en el tiempo que mi madre estrenó sus mallas negras y se le marcaba decididamente todo. Esperemos lo puedas leer pronto: te gustará, estoy seguro.

Me pusiste la polla durísima, ¿conoces? Te confesaré pellizco: me masturbé contemplando la retrato, mirando exento parpadear la raja de tu coño marcada en esas licras. Estaba tan caliente que mi paja no duró un buen tiempo y eyaculé enseguida sobre el camastro. Espero que mi madre no advierta carencia extraño en el tiempo que vaya a aclarar las sábanas, porque te juro que los manchones que dejé eran enormes y con fuerte fragancia.

Ahora me ha suceso una entidad inconcebible con mi progenitora. Es una historia larga de contar y debería extenderme mucho. Prefiero redactar con calma un exposición y narrarlo todo entonces. También, de esta manera te dejo con la intriga.

Mas volviendo al tema de las fotografías, deseaba comentarte poco a este respecto: puesto que te veo tan interesada, diría que inclusive ofuscada por mis textos, he pensado que lo más justo es elevar la compensación a cancelar a cambio. Apacible que no voy a solicitarte un imposible. Solo pretendo darle una pequeña vuelta de rosca a nuestro trato. De ahora en adelante deseo ser el que te pida fotografías, mas me refiero a imágenes específicas. No voy a solicitarte fotografías de tu aspecto, no es el instante para eso aun. Mas efectivamente deseo tener la dilema de desempeñar un cierto dominio sobre ti en lo concerniente a este tema de las instantáneas. te solicito una o bien múltiples concretas, me las mandas y va a haber exposición a cambio. Si no me las envías, voy a dar por concluida mi vena literaria.

Por atención, no te lo tomes como un extorsión: se prostitución solo de darle más corrosivo a nuestro juego. Se me hace ahora tarde y debo ir acabando. Espero tu réplica a mi proposición. No te olvides de leer mi último exposición, actualmente utilizable. Tócate y mastúrbate mientras que lo haces”.

Ese era el contenido del e-mail de mi hijo. Mi animación fue doble al leerlo: por una parte, ese nuevo texto actualmente podía ser gozado por mí; por ajeno, la mejoría de la proposición de Sandro de no solicitarme fotografías en las que apareciese mi cara y que hubiera dado al garete con todo. Mas hubo pellizco que me agradó fundamentalmente: la resolución de exigirme fotografías específicas. El aviso y el tono timador que se desprendían de esa una parte del correo daban un cierto giro a nuestra “relación” y se trataba de poco que venía deseando desde el comienzo: que mi hijo me sometiese cierta forma, que exteriormente el que impusiese las reglas del juego, siguiendo sus fantasías y también instintos.

Dejé acontecer unos minutos desde la lectura del correo electrónico, para digerir bien todo cuanto había culto, y después le respondí a mi hijo: le di las muchas gracias por el nuevo exposición, al que le dedicaría mi atención después de mandarle la correspondencia, y por haberlo instruido con mi retrato. Ahora, le expresé mi coexistencia sobre la programa de no descubrir aún mi identidad ni la suya menos aún. No deseé hacerme la simple y disimulé comentándole que me amedrentaba un tanto el hecho de que exteriormente quien ordenase qué imagen debería mandarle. Le expuse mi miedo a que solicitara fotografías excesivo exigentes para mí o bien complejas, mas, por último, le señalé que admitía su propuesta y que quedaba a el retraso de que volviera a escribirme para efectuar su primera solicitud. Aproveché aun para adjuntarle las fotografías que me había hecho por la tarde en el probador en diferentes posturas y poses. Le comenté que las tomara como un pequeño gratificación con lo que me hacía gozar con sus textos y que las aprovechase para lo que considerase oportuno.

Definitivamente le confesé mi ansia por saber qué era eso que le había suceso con su madre aquel mismo día y que no se demorase en redactar sobre ese tema. Le colgante que me ponía hoy a leer la crónica sobre los leggings y me despedí de .

Cuando salí de mi cuenta de correo, entré en el reverso de exposición. Accedí al perfil de mi hijo y en la lista de textos publicados figuraba, de hecho, uno nuevo, experto “Mamá moja los leggings”.

El número de lectores que tenía ahora el lío, a pesar del avaro duración pasado desde su publicación, era cuantioso, de la misma manera que la magnífica puntuación, 9.5. Comencé con la lectura del texto y lo hice de forma pausada para degustar mejor cada detalle reflejado en . De nuevo, Sandro relataba con gran capacidad todo lo ocurrido aquel día en casa. Era inverosímil la habilidad y el realismo con los que manejaba las descripciones. Lograba que te metieras en el documento en seguida. Conforme avanzaba en la lectura, fui conociendo de primera mano las reacciones que había despertado en mi hijo: deseo cara mí, la cosquillas y quemazón de su miembro, ganas de toquetearme la posaderas, de arrancarme las mallas y de meter su empalmado bálano en mis orificios…

Carente darme cuenta y enfrascada en la lectura del texto, había bajado mi mano cara mi sexo y lo estaba masajeando. Había aguardado ese instante toda la tarde y una parte de la oscuridad y ahorita efectivamente que no pensaba derrochar la ocasión. Me contuve unos minutos más inclusive entregar término a la lectura de el documento, que nuevamente me había dejado el coño bañado de flujos. Ni tan siquiera me tumbé en cama, ni tan siquiera me molesté en levantarme para coger el dildo: no deseaba perder ni un ayudante más. Pinché en la entrada a las nota sobre la novela dejados por los lectores y me abrí entera de piernas, poniendo cada una de sobre los brazos de el banco giratoria del escritorio y dejando los pies colgando en el aire. Urgentemente la trama bermellón del siento almohadillado empezó a teñirse de obscuro al absorber los goterones que manaban de mi sexo. Mi mano diestra aceleró sus movimientos tras leer el primer comentario, en el que un lector afirmaba todo cuanto haría con una madre de esta forma, como la estrella del texto. Las pinzas iban entrando uno a continuación de ajeno en mi húmeda raja, haciendo pequeños círculos adentro, rozándolo plenamente todo y haciéndome plañir más aun, en el tiempo que verifiqué que distinto lector se había pajeado inclusive correrse de forma exorbitante, mientras que veía la retrato de mi sexo marcado en los leggings y la mácula de flujo.

Mi asidero se perdió dentro de la conmovedor matriz, tal como una lectora reconocía haber hecho a la par que disfrutaba del exposición. Con descortesía me puse a meter y sacar la empuñadura, poco a poco más veloz, poco a poco más enérgicamente. Ahora no fui capaz de proseguir leyendo más: estaba entrando en arrobamiento y no podía sostener la mirada fija en los trivio de el toldo. Cerré los ojos: a mi psique morapio la imagen de la polla de Sandro que había visto por la tarde en el probador, enteramente rígida y empalmada, mientras que se masturbaba. Aceleré diferente carente más: recordé la aceleración con la que mi hijo se había estado machacando su polla y di dos arreones secos en mi sexo jadeando como una desquiciada.

Volví a visualizar mentalmente el instante en el que la púrpura bálano de mi hijo reventaba y expulsaba múltiples chorros de caseína manchando por completo el interior del probador. Eso fue hoy colmado para mí: después de apretar múltiples veces inclusive el fondo mi pomo, alcancé un exquisito clímax, al que segundos después le prosiguió ajeno no menos aparatoso.

Estaba tremiendo por completo, como nunca precedentemente me había ocurrido. Me levanté como pude de el escaño y, repentinamente, sentí múltiples contracciones fuertes en mi barriga, Me atemoricé por su fuerte entusiasmo, me tapé el orificio con las manos a fin de que Sandro no escuchase mis chillidos y me meé, evidentemente, me meé encima de gusto, mojándolo plenamente todo, salpicando el suelo y una parte de la paredón y del artefacto. Conforme la agua salía a borbotones de mi matriz, sentía alivio y relajación, que acabó con un profundo gemido, en el momento que el herrumbre dejó de salir de mi coño.

Me eché en cama contemplando el “adversidad” que había provocado mas colmada de gozo y bien satisfecha, hasta el momento en que el sueño acabó por vencerme. (CONTINUARÁ)

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