Poesía erótica: No quieres?



cuddling-268x200 es siempre diferente, de la muy primera vez que puse ojos en usted y usted veía no en mi escote, muestran descaradamente y no en mis curvas, claramente definidas a través de ese corto vestido cachonda, pero a los ojos. Y aunque mi cuerpo estaba pidiendo a gritos ser notado, a reconocerse, sentí una agitación en algún lugar desconocido como su avellana de brillante ojos en mi, azul hielo. No sólo un tirón en mi Lomo, pero un tirón también, en mi corazón. Una puerta crujiendo abierto dentro de mí, una luz de una vela oscila en las sombras que se habían reunido allí, en capas gruesas y pesadas, puesto que yo había cerrado esa parte de mí al mundo.
Era insegura, yo sabía, a sentir nada. Golpeó esa puerta cerrada y te hice mi reto. Yo que te conquistará. Debo tenerte. Tengo que hacer necesidad de mí, me quieren, me más que nada en el conjunto de la existencia del deseo aunque sólo sea por un momento. Nunca antes ha un hombre me resistió tanto. No en los años de los clubes de pesca de arrastre, girando, realizando, viendo yo, finalmente a su casa con alguien, cualquiera, para ser reclamado, a ser propiedad. No antes de que cuando, demasiado joven para entrar a las discotecas, me había ofrecido yo a ningún hombre que había mostrado interés, recompensándolos por quererme con un trabajo de mano, un golpe de empleo o incluso un quickie-en los arbustos, o en la parte trasera de su coche o en el armario de alimentación en la escuela. Que afecto en cualquier forma retorcida que pude conseguirlo. Tostándose.
No respondes a mi y de andar a tientas. Usted me sostuvo cerca en su lugar y lento baila conmigo. No responder a mis comentarios sugestivos, pero susurró en mi oído qué hermoso era, lo perfecto. Quería hablar. Quería conocerme. Abrió viejas heridas y les tiende tan cuidadosamente, tan cariñosamente como picado de saladas lágrimas mis ojos en aquella habitación iluminada por la luna. Y aún así esa pequeña parte de mí necesitaba ganar. Sabía lo que querían que los hombres, sabía lo tanto ansiaba. ¿Si no desea que me debe haber algo mal conmigo? Rechazo, todo de nuevo. Mi mano se deslizó más bajo, que te buscan, que hacer quiere. Su mano tiró mi muñeca y la movió suavemente el pecho.
“no quieres?” Le pregunté, mis labios adormecidos de tus besos, mi cuerpo zumbido de roce que estamos entrelazados en ese sofá. “No quieres cogerme?”
“No,” contestó, una lanza a través de mi corazón, “no quiero vete a la mierda. Quiero bailar contigo, jugar contigo, mostrar el mundo. Quiero saber que la mujer y la niña. Quiero amarte y acariciarte y forma toda mi vida a tu alrededor. Deseo reparar su corazón y envolver cuidadosamente en la mía. Quiero hacerte mi princesa y te amo y demostrar mi devoción, hasta que yo soy digno, hasta que me merezco el honor de poner con usted. Quiero borrar de tu memoria todo hombre que se puso las manos en usted tan irrespetuosamente. Incluso entonces no quiero vete a la mierda. Quiero adorarte. Quiero saber cada parte de ti dentro y por fuera. Quiero explorar te complacerte y llevarte al cielo con cada beso, cada caricia. Quiero que se unan a usted en una Unión tan dulce vamos a trascender este mundo y vivir en nuestra propia. Eres mi diosa y quiero tratarlo como tal”.
Sus ojos brillaron de verdad. Tus palabras, un susurro, una llave mágica. Abierto mi corazón como las estrellas bailadas arriba y algo dentro de mí, derretido. Me he permitido necesita entonces, con todo mi ser. Supe entonces que nunca nadie necesitaría. Mi Salvador.